Lo que se presumía como el sueño blanco, el deseo de todos los aficionados y el ansia de conquista por parte de todo el cuerpo técnico y directivo, se convirtió en una decepción a las primeras de cambio. El madridismo estaba contento porque los fichajes de Cristiano Ronaldo, Kaká, Benzemá...habían devuelto la alegría a unos aficionados que estaban faltos de victorias en Europa desde hace 8 años. Esta edición se presentaba con un estimulante más. El Fútbol Club Barcelona, actual vencedor de este torneo ha ganado la última edición y cinco título más, se presenta como el rival a batir y encima la final se juega en el estadio Santiago Bernabéu, todo se presumía de gala.
El Real Madrid comenzó su andadura con un cuadro aparentemente sencillo. Olympique de Marsella, Zurich y un Milán venido a menos durante las últimas temporadas. Con su primera victoria en Zurich por 2-5 y la cosechada en casa frente al Olympique por 3-0, el conjunto de Manuel Pellegrini encaminaba de buena manera su clasificación para la siguiente ronda. La derrota en casa contra el Milán y el empate contra el equipo rossonero en San Siro, complicaban el primer puesto de grupo y un buen cruce para octavos. La victoria blanca por 1-0 frente al Zurich en el Bernabéu y empate que concede el Milán ante el Marsella colocaban al Madrid líder de grupo. La última jornada se convertía en mero trámite para sellar la primera plaza de grupo porque la clasificación estaba conseguida. El Madrid venció por 1-3 al Marsella en Francia.
Una vez clasificado, el Real Madrid afrontaba la ronda donde había caído en años anteriores. Esta vez el sorteo tuvo el capricho de enfrentarlo contra el ex equipo de uno de sus fichajes el Olympique de Lyon de Karim Benzemá. Con la importante novedad de Cristiano Ronaldo lesionado durante la primera fase, los blancos se encomendaban al portugués y Kaká a pesar de que éste no había tenido su mejor arranque de temporada. En el partido en Lyon, el Madrid no supo encontrar el camino del gol y fue Makoun quien en el minuto 47 colocó el 1-0 para los franceses. De aquí al final del partido los blancos movían la pelota de un lado a otro pero no encontraban la senda del gol. Con este resultado finalizó el parido. La vuelta tuvo otro guión. Con Kaká ya recuperado el madridismo tenía todas consigo en que el Bernabéu tenía que ser ese fortín que les guiase hasta la final. Cristiano Ronaldo puso el primero en el marcador y tras fallar varias ocasiones ese fue el resultado al descanso. Con un 2-0 al Real Madrid le servía, eso sí, sin encajar ninguno. Los blancos se topaban con el muro francés y Pjanic empató el partido al filo del minuto 75. Las emperanzas blancas se vinieron abajo y el tiempo voló hasta el final. Las ilusiones blancas se difuminaron y los años pasan sin conseguir la décima Champions, es la que más se está resistiendo para el Real Madrid.
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados